La Unión Europea vence a Rusia en el tablero serbio

En el combate definitivo, el europeísta Tadic venció por KO técnico a su rival nacionalista Nikolic. Este símil pugilístico sirve para plasmar la dureza del combate librado por ambos contendientes por alcanzar la Presidencia de la República de Serbia. El actual presidente y líder del Partido Democrático, Boris Tadic, se impuso en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo con el 50,75% de los votos, frente al 47,5% de los sufragios cosechados por el líder del Partido Radical, Tomislav Nikolic, vencedor en la primera vuelta de los comicios.

La Unión Europea (UE) se puede tomar un respiro. Con la independencia de Kosovo a la vuelta de la esquina, los líderes comunitarios temían que una victoria del Partido Radical, prorruso y cercano a las posiciones del Kremlin en la región, abriera una vez más la caja de Pandora en los Balcanes. En este sentido, la Presidencia eslovena de la UE no ha tardado en felicitarse por el triunfo de Tadic, más manejable desde Bruselas y alejado de la creciente influencia del presidente ruso Vladimir Putin, que goza de una popularidad extraordinaria en todo el país, gracias a su apoyo explícito a Belgrado en la crisis de Kosovo, frente a las tesis independentistas de la UE y Estados Unidos. 

Por tanto, tras esta victoria pírrica, Europa no puede bajar los brazos. La firma del Tratado de Estabilización y Asociación, primer paso para la entrada del país balcánico en la UE, se encuentra en punto muerto, a la espera de los próximos movimientos de la comunidad internacional en la zona y de la captura de los principales criminales de guerra que se esconden en el país, Ratko Mladic y Radovan Karadzic, protegidos por una parte de la población, responsables del genocidio de Srebrenica y reclamados sin éxito por el Tribunal Penal Internacional de la Haya para la antigua Yugoslavia.

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© OTC Balcanes

En este contexto, el voto mayoritario a Tadic se antoja más causado por el miedo a un posible retorno al aislacionismo que asoló el país en los tiempos de Milosevic que a una verdadera identificación de los ciudadanos con el proyecto comunitario. Las encuestas señalan que la mayoría de los ciudadanos serbios no desean renunciar a Kosovo, que muchos consideran la cuna de su cultura e identidad nacional, a cambio de la entrada del país en la UE. Bruselas ya ha anunciado el envío de 1.800 técnicos que supervisen el proceso de independencia, ante el temor de que se recrudezcan las tensiones étnicas entre la minoría serbia y la población albanokosovar, controladas de forma artificial por la presencia de tropas internacionales sobre el terreno.

Más aún, la cuenta atrás hacia la autodeterminación de la región autónoma puede desencadenar una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles. Sin ir más lejos, la Republica Srpska, parte integrante de Bosnia y Herzegovina (ByH) y con mayoría de población serbo-bosnia, puede ser la próxima en proclamar su derecho de autodeterminación. Su primer ministro, Milorad Dodik, amigo íntimo de Tadic, ha manifestado en los medios de comunicación de ByH su negativa a reconocer la futura independencia de Kosovo. Muchos analistas políticos ya señalan que el verdadero problema no será la independencia de la región autónoma, sino el aumento imprevisible de las tensiones étnicas latentes en ByH.

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