Equinoccio de Primavera

Queridos y queridas,
 
Parece que fue ayer pero hace ya casi seis meses que emprendí mi aventura balcánica. Muchas vivencias y recuerdos se acumulan en mi memoria. Cuando echo la vista atrás, vislumbro nuevamente los miedos y temores que me invadían en los momentos previos. La llegada a un país tan desconocido como inquietante levantaba mis ánimos, al tiempo que me hacía reflexionar sobre el destino que me aguardaría al bajar del avión de Lufthansa y comenzara el camino.
 
Seis meses después, la vida en Sarajevo se ha vuelto cotidiana. Los lugares no parecen extraños. El paisaje trufado de mezquitas y montañas inalcanzables no me resulta exótico. Ni siquiera las personas que pueblan la ciudad son desconocidas. Su lengua no es aquel enjambre de palabras ininteligibles que aturden a cualquiera. Los cafés y lugares de encuentro no son ya unicamente un lugar de huída, si no de diversión y vida en comunidad.
 
Son tantos los momentos e instantes que han marcado este periodo, que sería imposible plasmarlos en un correo electrónico. Sólo me gustaría ser capaz de transmitir esa sensación que me embriaga cuando abro los ojos cada mañana y encuentro un nuevo día por descubrir. Esa sensación la puedo tener aquí, en Sarajevo, pero también en cualquier lugar del mundo en el que uno se sienta como en casa.
 
Sin más, y a pesar de toda esta retórica, sabed que me acuerdo de todos y cada uno de vosotros. Siempre, en algún momento del día, mi pensamiento viaja a vuestro encuentro, y es entonces cuando mi vida anterior se hace presente a pesar de la distancia y el tiempo, rememorando los buenos tiempos que he pasado entre vosotros, así como los que espero aún están por llegar, sea donde sea. Allá donde esté, mi puerta siempre la encontraréis abierta.
 
Un fuerte abrazo, bajo una fina nieve de primavera.
 
Jonás
 
Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”
Friedrich Nietzsche

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Un comentario en “Equinoccio de Primavera

  1. Cuando leo cómo eliges las secuencias de palabras me asombra la fluidez con la que se leen los textos que escribes.
    Dan ganas de salir de la oficina, ir al aeropuerto y plantarme allí para ver con mis propios ojos y experimentar con mi propia piel todo lo que nos cuentas.
    ¡Qué envidia!
    Un beso,
    Alia

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