¿Por qué no la torre del campanario?

Ahora resulta que el pueblo suizo, intuyo que los de pura cepa alpina, no los 400.000 musulmanes residentes en el país helvético, ha votado mayoritariamente en contra de la construcción de mezquitas en el país. No profeso ninguna religión. Me parece que históricamente la religión ha servido más para oprimir que para unir. El fanatismo religioso de cualquier confesión sólo conduce a la intolerancia. Hoy es la ultraderecha del Partido del Pueblo Suizo, mañana puede ser el Partido Popular en España o la derecha de la Francia de Sarkozy. Le Pen no está solo, resulta evidente. No quiero imaginar el resultado en España. Intuyo que sería el mismo. Ayer conocíamos la noticia de que más del 50% de la ciudadanía de nuestro país piensa que hay demasiados inmigrantes. No sé si pensarán lo mismo cuando descubran que serán ellos y ellas, inmigrantes, los que mantendrán nuestro sistema de pensiones y nos cuidarán a las y los que cotizamos hoy. El camino que se ha iniciado no puede acabar bien. Miro con recelo los crucifijos en las escuelas y las horas que marca el campanario del monasterio de la Encarnación. He estudiado en un colegio religioso y vivido más de 20 años en un barrio de fuerte tradición católica y me siento extranjero, extraño. Tengo miedo de que lo políticamente correcto nos impida enfrentarnos a la intolerancia de la Conferencia Episcopal, al poder de la Iglesia. El Gobierno ya pone reticencias a la sentencia de Estrasburgo para la retirada de símbolos religiosos de las escuelas públicas. Juan Manuel de Prada habla de la cruz como símbolo de Europa y nuestra civilización. Definitivamente tengo miedo de estos temas, más de que cierren mi blog por obra y gracia de Sinde ¿Para cuando un manifiesto internauta sobre estos temas? Antes de inmolarme en la Almudena.

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Un comentario en “¿Por qué no la torre del campanario?

  1. VIVA EL ALTRUISMO!. Los emigrantes vienen y vendrán porque la tierra es de todos. Las fronteras son nuestra invención, nuestro egóismo. Pueden estar allí donde quieran no para cuidarnos y pagar nuestras pensiones.
    Dicho esto, continuaré pensando que bajo la falsa tolerancia se instala la hipocresía. No soy creyente, vaya por delante, pero la imposición de la negación es asímismo fanatismo. Dejemos que quien quiera ponga sus crucifijos que te diré están retirados sin algaradas, desde hace varios años de la mayoría de los colegios y de los hospitales españoles.

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