La felicidad como estado de ánimo

La noche. Espacios estrechos en callejones capitalinos. Un chico, perdido en ensoñaciones, embriagado por revelaciones etílicas, se mueve en silencio. Deambula en la penumbra. Gato en la oscuridad. Perdido, sus botas le llevan a encontrarse con un extraño ser, oculto en su apariencia de ébano. Le promete dicha y esperanza, a cambio de trivialidades de papel y plástico. Ambos llegan a un cruce de caminos. En un momento, el acompañante, le pide 10 minutos. Se lo traga la noche. No regresa. El chico pide un taxi. Llega a casa. Está feliz. Duerme plácidamente. Ha regalado cuatro inutilidades a cambio de una noche de silencio. Cuando, por la mañana, el sol atraviesa las cortinas e ilumina su rostro, descubre su dicha. Un nuevo amanecer.

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Un comentario en “La felicidad como estado de ánimo

  1. La naturaleza curiosa de los gatos que se mueven en la noche les hace arriesgar pero no los mata, los hace más fuertes, tienen más vidas y las exprimen, olvidando al amanecer el peligro para volver a arriesgar y curiosear la vida. No la comprenden de otra manera. Los hace excepcionales. Miau.

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