En la oscuridad

Un ruido entreabrió mis ojos. Una brisa helada recorrió el pasillo hasta la alcoba. Ligeras vibraciones de cristal llegaban a mis oidos. Alguien estaba en el salón. Me levante, en alerta. No sabía si acercarme o esconderme bajo la cama. Valor y miedo se meclaban en la sangre. La vena sarajevita se inflamó y me arriesgué. En penumbra, a pequeños pasos descalzos, avance hacia la sala de estar. Una tenue luz acariciaba el pasillo. Luna llena. De un brinco, entré en la habitación, armado con mi alpargata. Las cortinas volaban. la ventana dejaba fluir suaves destellos lunares. Una botella de champán medio vacía bailaba ligeramente sobre las baldosas húmedas de alcohol. Un copa dormía junto a ella. Restos de polvores y turrón, junto a migas de mazapan completaban el espacio entre la pequeña mesa y la ventana. Alguien había estado allí. Al darme la vuelta, una gran caja de color rojo me esperaba sobre la mesa del comedor. Me acerqué. No recordaba haberla visto antes de dormir. La abrí. Encontré una pequeña bolsita color plata: “Quien tiene un por qué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”. Volví a la habitación. El alba me despertó, tres horas más tarde. La resaca luchaba por conquistar mi cabeza. Me sobrepuse ¿Había sido todo un sueño? Me acerqué al salón…

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