Somos mediocres

Aborregados. Perdemos la cabeza en la forma sin pensar un instante en el fondo. Seres sin alma, sin sentimiento. Abotargados en máscaras de cartón hundimos nuestros pies de barro en la monotonía de la rutina. Música incandescente en el metro. Pisotones, faltas de respeto, pérdidas de dignidad. Suben, bajan. Movimientos miméticos en oscuro silencio matinal. Rostros desfigurados por el stress y la tristeza de una vida en TDT. Mentes exhaustas embutidas en dispositivos 3G. Espacios vitales desperdiciados en andenes, vagones, pasillos y escaleras. Un día más que se pierde. Un día más sin sensaciones puras. El sonido del agua resbalando una piedra fresca, una luz tenue en la oscuridad y una copa de vino. Vida fuera de cobertura. Poesía hueca sin versos que se recicla. Llamadas de atención vacía. Me oculto en Murakami y dejo pasar las horas. El vino tinto se templa en la mano. Una breve melodía de Bach salta desde el radiocassete ¿Por qué tantas vueltas cuando lo esencial permanece? Aquel banco de Kolovare…

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