Carniceros

“Los extranjeros no podéis entender lo que ha ocurrido aquí. Ni siquiera nosotros lo entendemos” Mi amiga E.Z comentaba esto mientras tomábamos una taza de té turco en mi casa de Sarajevo. Tres años después, mi padre me pasa un recorte de periódico, que recoge la noticia de la captura en Denia, Alicante, de Veselin Vlahovic, el carnicero de Grbavica. No pude evitar recordar mi estancia en los Balcanes, la complejidad de una convivencia marcada por el conflicto interétnico en épocas recientes.

La población bosnio musulmana fue la más castigada durante la guerra de Bosnia y Herzegovina. El ejército yugoslavo (JNA) controlado por los serbios, llevó a cabo, en cooperación con grupos paramilitares tanto de Bosnia como de Serbia, una planificada operación de limpieza étnica y genocidio. Las violaciones masivas de mujeres musulmanas eran práctica habitual en las regiones bajo control serbio. Así lo atestiguan numerosas víctimas, que hoy reconocen ante sus ojos a uno de sus verdugos.

Veselin Vlahovic se ganó su fama de carnicero a conciencia. Este montenegrino, afincado en Sarajevo, obtuvo el control del barrio de Grbavica, punta de vanguardia durante el cerco de Sarajevo, de las tropas dirigidas por el, todavía en paradero desconocido, general Ratko Mladic. Su historial no tiene desperdicio. Crímenes contra la humanidad y genocidio adornan su palmarés. Cuentan que, en su afán torturador, tatuaba una cruz ortodoxa en el pecho de las mujeres violadas a manos de sus soldados. Mujeres, niños y prisioneros de guerra fueron torturados y/o ejecutados en las zonas bajo su control. El día de su detención no mostró arrepentimiento. De hecho, ahora se dedicaba a desvalijar chalés en la Costa del Sol, una actividad más liviana que cometer crímenes de lesa humanidad. Su mujer española, con la que vivía desde hacía años, no sospechaba ni de su presente ni de su pasado. Muy a su pesar, las víctimas de sus crímenes no lo olvidarán jamás.

Mi amigo I. C me recordaba poco antes de regresar a España la historia de convivencia pacífica que atesora Bosnia y Herzegovina. Sarajevo y Mostar han sido cruce de caminos, de conquistas, de culturas. Siglos durante los que musulmanes, católicos, judios y ortodoxos compartieron vida y espacios. Palabras que esconden raices desde Constantinopla al Imperio austrohúngaro. Un crisol que vio también el nacimiento de las guerras mundiales y de personajes como Veselin Vlahovic. Los medios nos enseñan a los carniceros que un día espantaron al mundo. Yo me quedo con la hospitalidad y cariño de todas las personas que he conocido en este rincón de Europa.

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