Lito

La bicicleta hace equilibrios en la barandilla, indiferente.Mi cabeza desciende a la altura del asfalto caldeado por el sol de la mañana y apoyo la oreja. Escucho el retumbar de mis pasos perdidos. El tintineo de pedaleos pasados se intuye, enterrado entre las rocas de la costa. Brisas perdidas en el baúl de la melancolía danzan al son del viento meridional. Mis ojos se cierran y miran al interior de mi alma. Imágenes de playas, islas, pueblos y ciudades se materializan en fotogramas oníricos. Mi oido se entierra en adoquines antiguos. La bura azota con fuerza, insuflando aire a velas y pulmones sedientos. Los recuerdos de una vida pasada se mezcla con el rubor del agua salada. Levanto la cabeza y vuelvo a empuñar la bicicleta. Kolovare se extiende ante mí. Al final del camino, el órgano de mar o, quizás, la eternidad

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