La fragilidad del hombre sin límites

El contador siempre en movimiento. Blanco, negro, negro blanco. Un sombrero que siempre se mantiene erguido ante la hecatombe. El sentido común huye del hombre sin límites. No tiene remordimientos, no tiene fuerza. Su energía nace de la contradicción, de la provocación. Nada en un mar de alternativas pero se mantiene firme en su provocación. La tranquilidad no es su hábitat. Su mente es una marea cambiante. El rumbo es un camelo. Un capitán ciego que navega hacia el abismo pero mantiene el timón firme y decidido. Cuando el final se acerca, la ansiedad desaparece. Nadie le escucha. Tod*s le oyen. Los límites son una convención. El se mueve en otra esfera. La esfera del pirata sin carta de navegación. Un ser que oye el ronroneo de los gurús y se ríe, puesto que sabe que su fortaleza radica en no reconocer las aguas templadas. En sumergirse en abismos vulnerables. En rozar los límites para burlar la mediocridad…

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