¿Redes de desinformación masiva?

Este post ha sido de digestión larga. Las informaciones pesadas requieren metabolismos fuertes. Una buena comida debe degustarse, ser saboreada, para apreciar los matices que se pierden con la prisa y el stress. La noticia sin carga de profundidad se hunde en el océano de informaciones que inundan la esfera 2.0. Es el precio a pagar por la globalización informativa. El paso del sujeto mediático pasivo a la interactividad ha supuesto un salto en la relación entre las personas. Las élites mediáticas han colaborado en la necesidad de instantaneidad. No podemos quedar atrás.

Hace apenas dos semanas, una noticia corrió como un breaking news de CNN por las redes sociales: El fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha sido liberado tras pagar la fianza impuesta por la justicia británica Miles de tweets se dispersaron por el ciberespacio. Yo mismo participé en la difusión: http://twitter.com/#!/search?q=%23FreeAssange

No había noticia. El fundador de Wikileaks permanecía en prisión. La fianza había sido rechazada. Todos los medios de comunicación inundaron sus perfiles con la primicia de la liberación. La carrera por ser los primeros en alcanzar el click internauta les negó la posibilidad de contrastar, incluso con fuentes sobre el terreno.

La inmediatez en el acceso a la información compite con el análisis y la reflexión necesarios para comprender y valorar. La apuesta por la dispersión masiva de la información a costa de su veracidad es arriesgada. Un todo o nada para el/la aspirante a periodista.

La mayoría de gurús periodísticos (sin distinción de género) se ha posicionado en la inmediatez, en la premura comunicativa en detrimento del rigor. Queremos ser los primeros en contar, en escribir, en difundir. Somos aspersores descontrolados. Meras herramientas del sistema. Queremos seguidores, referencias, vínculos que direccionen a nuestro perfil. Esta realidad contrasta con el creciente interés por acceder a la información por parte de los públicos. Son más activos, al menos en apariencia.

No quiero hablar de verdadero periodismo. Me refiero a la investigación, al análisis. La apuesta que han abierto las nuevas tecnologías nos permite indagar, recurrir a fuentes muchas veces ocultas, a conseguir testimonios inéditos, a elaborar y mostrar contextos complejos y creíbles. Los públicos abotargados no cuentan en el análisis. El stress, la inmediatez y desasosiego al que conduce la sociedad de la información provoca una pérdida de calidad en la información. Multiplicidad de fuentes que ahogan el juicio crítico. La telerrealidad se ha masificado y extendido sin control. El freno no ha existido ante la necesidad de competir por un terreno abonado para el espectáculo irreflexivo.

La desinformación es el riesgo de la no corroboración. El desarrollo de las TIC ha permitido una relativa democratización de la información. Sin embargo, también ha aumentado la presencia en la escena mediática de fuentes alimentadas por el interés personal y/o privado.

Este es el escenario. En nuestras manos está mantener el rigor necesario para no sucumbir a la pérdida de credibilidad que conlleva la explosión desinformativa del S.XXI.

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