Lecciones anticipadas


La alarma electoral volverá a sonar en España el próximo 20 de noviembre. Zapatero ha decidido volver a convocarnos a las urnas, cansado de su caida en el precipicio de la opinión pública y su traición a la ciudadanía en favor de esa entidad abstracta que determina nuestro destino: LOS MERCADOS. Aún no sobrepuestos de los últimos comicios autonómicos y municipales, el sistema ‘democrático’ nos vuelve a llamar a filas para rebuscar su legitimidad. Con las legañas de su propio aburrimiento, la élite política volverá a escenificar la pantomima de su supuesto poder emanado del pueblo. El poder de la ‘mayoría democrática’. Poco importa que la Ley D´hont ejerza un poder de distorsión tan corrosivo que deslegitime el resultado de las urnas. Votos en blanco, nulos y abstención poco le importan a quien se agarra a una papeleta para dominarnos.

El 20N será una buena oportunidad de comprobar si han aprendido la lección. La ciudadanía lleva algunos meses hablando en la calle. Ni siquiera la vergonzante equidistancia de los partidos mayoritarios puede con el compromiso del pueblo. El régimen de ‘democracia ilustrada’ en el que vivimos, según el cual la clase política se erige en representante de una supuesta mayoria, quiere revalidarse. La representatividad y legitimidad de la farsa electoral les otorga poder para actuar a su antojo, bajo el blindaje de leyes hechas a su medida. Una clase política que pide el voto para actuar con patente de corso, asaltando la riqueza común, con ‘inmunidad parlamentaria’ (¿quién inventaría tal despropósito?), que primero se alejan de las personas para situarse en una esfera de superioridad política desde la que privatizan servicios públicos al tiempo que nos hacen creer en la inviabilidad de un sistema que se encargan de desmantelar cada día, cada pleno.

Quien tiene trabajo, está mal pagado, quien tiene casa, sufre por pagar el alquiler o la hipoteca, quien tiene familia, sacrifica todo por la supervivencia. Este es el sistema que hemos heredado. O lo cambiamos o seguirán expropiando nuestra existencia. Mientras eso que se hacen llamar mercado, que tiene ojos y bolsillos, y sus secuaces políticos mantengan su connivencia mutua, no hay salida posible. La solución de continuidad no puede sostenerse. Pobres más pobres y riquezas más concentradas en pocas manos. Manos que no son invisibles. Vemos sus caras en televisión pidiéndonos austeridad desde su Mercedes Clase A, reducciones salariales desde sus sueldos galácticos y limitación de nuestros derechos mientras amplían los suyos.

La historia no puede más que pertenecernos, puesto que si no actuamos AHORA, la perpetuidad de la injustica se llevará por delante cualquier atisbo de futura humanidad. No nos engañemos. No solo nos amenaza el cambio climático, nos amenaza el regreso de la sociedad feudal, el régimen de señores y vasallos, de poderosos y esclavos. La clase media se desvanece, la pobreza aumenta. El discurso fascista se nutre de la desesperación y ataca la yugular de los derechos fundamentales.

Nos queda actuar: con la palabra y el adoquín. Para que la arena de playa no se convierta en arena de un desierto que comenzamos a atisbar. Otro mundo no solo es posible, es inevitable.

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