Soy papanatas

Así me siento. Un papanatas en un mundo de ovejas y pastores. Un mundo de púlpitos y losas inquebrantables.
Este post ha sido de digestión lenta. Digestión atormentada. Me cuesta digerir algunas personas y comportamientos. No entiendo los privilegios en algo que llaman ‘democracia’. No asimilo la estructura feudal que deja a unas personas al pie de los caballos mientras otras acumulan poder y riqueza, en el cielo como en la tierra.

Estos días andan por Madrid rebaños de ovejas descarriadas. Algunos miles. Esperan a su pastor. No le esperan en su redil eclesiástico, sino que ocupan el espacio público con el total beneplácito de la autoridad. Son ovejas de un rebaño mimado, agasajado y complaciente. Nunca había visto ovejas con patente de corso. Ovejas de estómago agradecido y al amparo de los lobos del poder. No las encontrarás interponiéndose a la policía ante un desalojo, ni deteniendo las redadas de inmigrantes. Ni siquiera abren la boca ante los desmanes de su pastor. Su actitud ante él es curiosa.

Su pastor es sádico. Con la vara de mando, insulta a los homosexuales, a los que llama enfermos. Llama asesinas a mujeres que no siguen las doctrinas del rebaño. Un caso extraño el de este pastor austriaco. Tiene la fea costumbre de condenar inocentes y proteger delincuentes. La pederastia se perdona en confesión. La homosexualidad se cura en su iglesia. El perdón y la bula papal corren de su cuenta, en función de sus intereses.

Cada mañana marcho a trabajar y me cruzo con ellos y ellas. Miro sus banderas, pero no veo ninguna que me inspire amor y fraternidad. No portan banderas de Sudán, de Palestina, del Sahara occidental. No enarbolan causas terrenales. Su solidaridad se pierde en ritos, salmos y palabras. No empuñan la pala, sino la cruz. La evangelización frente a la humanidad en un desfile sumiso frente a hombres de autoridad ‘civil’ y ‘moral’.

Llego a la estación de tren y veo sus tarjetas de transporte subvencionadas. Transporte que para mi es un lujo imprescindible para trabajar. Veo en los escaparates descuentos en menús del día y en la misma calle personas que no tienen nada que llevarse a la boca. Es el mundo contradictorio que cruza frente a mis ojos cada día. Siento rabia que quiero transformar en acción. Acción para cambiar la realidad. Una realidad de esclavos y amos, de pastores y rebaños.

Vuelvo a casa y enciendo el televisor. Las ovejas descansan en 693 colegios e instalaciones públicas. Miro la estantería y reviso mi solicitud de ayuda al alquiler. Un año esperando una ayuda a la que tengo derecho por ley. Vida hipotecada en manos de representantes políticos que aplastan mi independencia y libertad mientras aplauden los cantos y alabanzas del pastor y su rebaño. Pienso en las ovejas y sus privilegios. Imagino su fiesta de mercaderes frente al templo. El ritual continua. El resto de días, el papanatas seguiré siendo yo.

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3 comentarios en “Soy papanatas

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