Me temen porque no les temo

Ha vuelto a ocurrir. He perdido la cuenta. Cuando el abuso se convierte en hábito se agarra a tu piel como una sanguijuela testaruda. Succiona tu esperanza e inocula tristeza. El bicho deja un poso de impotencia que se confunde con la rabia y la indignación.

He sido identificado, interrogado, cacheado, registrado  y humillado tantas veces que confundo las vejaciones gratuitas con los comentarios racistas y discriminatorios que las acompañan. En estaciones de tren, en paradas de autobús, en aeropuertos, en la calle.. en cualquier lugar soy el blanco de la policía; una supuesta presa fácil de su miedo.

Para quien no me conozca, nací en Madrid hace 31 años. Soy moreno de pelo y de piel. Durante algunos años viví en Finlandia, Bosnia y Herzegovina y Croacia. Regresé a este país que hoy hace aguas hace ya cuatro años. Ahora, me siento amenazado en mi propia ciudad.

En Helsinki, mis compañeros y compañeras de clase me llamaban ‘Joonas’. Eran felices cuando les hacía una tortilla de patata. Me preguntaban por España, por el sol de Benalmádena, Almería y Torrevieja, que ennegrecieron mi piel cuando era pequeño. Sentían envidia. En Sarajevo, mi frutero me apodó ‘el turco’. Yo le hablaba en mi humilde bosnio y él me regalaba de vez en cuando un tomate de ensalada. Antes de marchar de la ciudad, Elvir me regaló una taza y una hucha del Sarajevo FK. Aún las conservo. Me recuerdan sus tomates. Éramos amigos. En Zadar, mi monitor de gimnasio me llamaba ‘el español’. Decía que era el único que residía allí. No era verdad, pero me gustaba que me considerara único; diferente.

Sólo soy extraño en la ciudad que me vio nacer. Para los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de este Estado, soy sospechoso. A veces me consideran ‘antisistema’; otras, narcotraficante; otras, una amenaza a su seguridad; las más, un testigo incómodo de sus abusos.

Pero no les tengo miedo. Quieren que no grite contra la injusticia con las únicas armas que tengo: mi voz y mi palabra. Quieren que seamos ovejas en un sistema marcial de poder y avaricia. Nos quieren acurrucados en una esquina. Asustados. Quieren darnos patadas a su paso porque son cobardes. Tienen miedo de que les mires a los ojos y veas su inmundicia.

Me temen porque no les temo. No me importa las veces que pregunten por mis amigos, que pregunten por lo que hago, que investiguen mis antecedentes, que sea ‘sospechoso’ sin pruebas por mi aspecto físico. No van a conseguir que me calle. 

Me han dicho que un día me van a coger. Que es sólo cuestión de tiempo. Que he tenido suerte hasta ahora. Tienen ya reservado un lugar para mí en su deseo de brutalidad.

No me importa. Me temen porque no les temo. Porque me van a volver a encontrar denunciando sus abusos de poder. Me van a encontrar siendo testigo y gritando contra su violencia. Me van a encontrar siempre de frente. A mí y a vosotros, porque saben que no les tenemos miedo.

La última vez fue ayer mismo. La próxima puede ser hoy. Ahora y siempre, estaremos todos y todas delante.

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Un comentario en “Me temen porque no les temo

  1. Has escrito algo muy importante en este post: “…a mí y a vosotros…”. Ese “vosotros”, que somos nosotros, que también soy yo. Escríbelo siempre para recordar que, aunque a veces pueda parecerlo, no estás solo. Estamos contigo. Estoy contigo.
    Un beso enorme, Jonás

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