Gabo se va a Macondo

sinpasaportes

“Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado”.

El hombre que iba a morir se llamaba… Gabriel. Así empezó una de sus novelas. Así acaban todas las novelas, con la muerte. También la vida de Gabriel García Márquez tenía que terminar. Aunque se cierre de golpe la pluma brillante de América Latina, él también se acaba, con pena, como todas sus obras.

 El realismo mágico se queda sin tu varita.

Todo el mundo se va, Gabriel, pero no todo el mundo tiene quién le escriba, coronel de pluma y sueños.

 Macondo está más triste que el día que murió Remedios la Bella. Aureliano Buendía se arrodilla y se quita ese sombrero blanco de colombiano elegante, de caribeño afable, sentado junto a los huesos de toda su estirpe. En el patio de esa casa que he visto tantas veces.

 Todo el árbol genealógico de Macondo está de luto. Todos los aurelianos salen…

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