Aylan se ahoga cada día

sinpasaportes

Imagen: Nilüfer Demir

Los niños de tres años deben jugar en la orilla. Aquí lo hacen. También los que tienen seis, y aquellas que tienen siete y ya se les ha caído un diente, y aquellas que preguntan y preguntan. Esas también. Su único trabajo en la orilla de todos los océanos del mundo es chapotear, hacer castillos de arena, excavar pozos muy profundos que durarán veinte olas, enterrar secretos muy secretos y salpicar a quién pasea. Eso deben hacer las niñas y los niños a la orilla del mar y todo el mundo lo sabe.

Diego, mi primo, tiene tres años y no para quieto. Tiene la edad que tenía Aylan, aquel niño que murió por culpa de la indiferencia de los dirigentes de Europa. Aquel pequeño que yacía en la arena por culpa del letargo del mundo ante la tragedia de la guerra Siria.

A aquel pequeño de…

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‘Sarajevo, diarios de la guerra de Bosnia’

Después del hipopótamo

Gervasio Sanchez mujeres cruzando puente Sarajevo

Leemos para olvidar. Cada vez que los medios repiten que Europa ‘vive’ la mayor crisis de refugiados desde la IIGM no dicen la verdad. No mienten, no ocultan la verdad, simplemente han olvidado la ‘limpieza étnica’ que ocupó sus titulares hace 24 años. Aprendemos para olvidar, olvidar la impotencia torpe de las instituciones de la Unión Europea, su lentitud, su egoísmo, que cada generación de jóvenes europeos parece obligada a descubrir. La guerra de Yugoslavia desveló la altura real de esos líderes que hoy algunos añoran. Europa fue incapaz de detener una guerra que asoló el corazón de los Balcanes y obligó a 2,7 millones de europeos a abandonar sus hogares.

Sarajevoforma parte de mi educación política y periodística”, escribe Alfonso Armada al final de ‘Sarajevo’, libro híbrido – mitad diario, mitad crónicas – que nos lleva al cerco que sufrió la ciudad durante casi…

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Gobernantes insolidarios, ciudadanía solidaria

Pobreza Cero

Seguidores del Borussia Dortmund despliegan una pancarta de apoyo a personas refugiadas

Europa no está actuando a la altura de la barbaridad que lleva años viviendo en sus costas y en sus fronteras. ¿Qué más queremos ver para reaccionar? ¿Ver los muertos que llegan a nuestras orillas como ocurrió hace unos días con Aylan Kurdi el niño de 3 años que apareció sin vida en las playas turcas?

La respuesta política, ante tanto drama es ¿auxiliar a quienes lo necesitan? Al contrario. Es cerrar más aún las fronteras haciendo crecer el número y la altura de las vallas y reforzando el papel de policía  del Frontex. Y no sólo eso. Nuestros gobernantes se dedican a acompañar estas medidas conmantras migratorios falsos que aluden al efecto llamada.  Y la cosa ha seguido de mal en peor en un año en el que  hemos sufrido la mayor crisis de desplazados…

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Mirar el dedo y no la luna

Artículo publicado en Murray Magazine el 4 de septiembre de 2015: http://murraymag.com/actualidad/mirar-el-dedo-y-no-la-luna/

Me decía ayer una compañera periodistas por Twitter, a raíz de la difusión de la imagen de Aylan, el niño sirio muerto en las costas de Turquía que “el debate sobre la foto es mirar el dedo y no la luna.” Tiene razón, pero vamos a fijarnos bien en ese dedo que apunta y dispara cuando miras hacia otro lado. La luna ya la tenemos cartografiada. Sólo hace falta querer mirar. Sólo hace falta abrir los ojos.

En primer lugar, la imagen no hubiera generado ningún tipo de debate sobre su publicación si el niño se llamara Juan y hubiera muerto en un naufragio frente a las costas de Alicante. Simplemente, no habría debate. El debate nace de nuestra propia hipocresía. La doble vara de medir ‘lo de aquí y lo de allí’. Los debates sobre ética periodística que ha suscitado esta fotografía en las redacciones se hubieran quedado en el cajón donde siempre quedan cuando no interesa.  No os engañéis. 

Estudiando periodismo, en alguna asignatura que no recuerdo, nos repetían una y otra vez “es más noticia un muerto en tu calle que mil en la otra punta del mundo”. Medios de comunicación y periodistas (no todos, afortunadamente)  somos racistas y clasistas. No vemos al otro como persona. No le vemos en igualdad de condiciones. Lo vemos desde arriba y hacia abajo. Sentimos lástima y pena desde nuestro área de confort occidental. Vemos al otro con etiquetas: inmigrante, refugiado, negro, árabe, sin papeles…. El objetivo último es verlo como alguien ajeno (también en este caso). Que no os engañen. No quieren la justicia ni solidaridad real. No quieren que te identifiques. Quieren compasión. Quieren apuntar con el dedo tu impotencia. Quieren que nos vengamos abajo ante la tragedia y la sintamos inevitable ¿acaso las avalanchas son ‘evitables’?. Criticamos a la Unión Europea, a los Estados miembro, a las mafias…pero seguimos viendo la crisis humanitaria que vive el mundo como algo lejano, extraño.  No lo vemos como propio. Realmente no nos ponemos en la piel de nadie. Nos ponemos en sus lágrimas. El debate sobre la fotografía es el último ejemplo de la deshumanización absoluta que vivimos. 

No hacen falta más cifras. No necesitamos más demostraciones de solidaridad efímera. No necesitamos más fotos desgarradoras que  oculten la luna. Necesitamos más justicia global. Más apoyo mutuo entre seres humanos. Sólo cuando veamos a Aylan como uno de los nuestros, como tú y como yo, será el primer paso para cortar la alambrada de espino que nos separa de la justicia social. No nos quedemos mirando el dedo de la ética occidental. Observemos la luna detrás de las nubes de la desigualdad y la violencia que obliga a millones de personas a abandonar sus casas y salir fuera a jugarse la vida.

La misma mano que después rellena páginas, telediarios y boletines sobre cuotas de refugiados, devoluciones en caliente y avalanchas en la valla de Melilla. La misma mano que aplaude a los ‘emprendedores’ españoles y criminaliza a los `invasores africanos’. La misma mano que olvida recordarnos que lo que estamos haciendo es un crimen contra la humanidad. La misma mano que desgarra nuestra humanidad con concertinas. La misma mano que pone vallas de espino a quien huye y no puede volver atrás.

No olvidemos que ese dedo que apuntaba a Aylan forma parte de la mano que mece la cuna. La luna de nuestra vergüenza.