El caso Gotovina: la puerta giratoria de la injusticia

La antigua Yugoslavia nunca me deja indiferente. He tenido la oportunidad de vivir varios años en Sarajevo y Zadar. Ciudades que me han acogido y en las que he podido conocer a muchas personas que me ayudaron a comprender la intrincada política balcánica, siempre afectada por la coyuntura internacional del momento. Vencedores y vencidos, miles de personas perdieron la vida o la inocencia. Algunas para siempre, otras se recuperan a duras penas de los traumas de la guerra más cruenta en Europa después de la II Guerra Mundial.

Hace unos días, antes de que saltara la noticia a los medios de comunicación internacionales, conocía por un amigo bosnio que el exgeneral croata Ante Gotovina y el exjefe de la policía del mismo país, Mladen Markac, eran absueltos de crímenes de guerra contra los serbios en territorio croata. Tales individuos, que permanecían desde hace algunos años retenidos en la penitenciaria del Tribunal Penal Internacional de La Haya (TPIY), ya se encuentran de regreso en Croacia, donde fueron recibidos como héroes de guerra. Antes de su detención en 2005 en Tenerife, Gotovina ya contaba con una amplia red de apoyo en territorio croata, también dentro de la propia Administración.

Continúa leyendo El caso Gotovina: la puerta giratoria de la injusticia

Lito

La bicicleta hace equilibrios en la barandilla, indiferente.Mi cabeza desciende a la altura del asfalto caldeado por el sol de la mañana y apoyo la oreja. Escucho el retumbar de mis pasos perdidos. El tintineo de pedaleos pasados se intuye, enterrado entre las rocas de la costa. Brisas perdidas en el baúl de la melancolía danzan al son del viento meridional. Mis ojos se cierran y miran al interior de mi alma. Imágenes de playas, islas, pueblos y ciudades se materializan en fotogramas oníricos. Mi oido se entierra en adoquines antiguos. La bura azota con fuerza, insuflando aire a velas y pulmones sedientos. Los recuerdos de una vida pasada se mezcla con el rubor del agua salada. Levanto la cabeza y vuelvo a empuñar la bicicleta. Kolovare se extiende ante mí. Al final del camino, el órgano de mar o, quizás, la eternidad