Vino blanco H1N1

El móvil lanza su melodía al aire en la oscuridad de la noche. Dejo el vaso de vino tinto y descuelgo. La voz es familiar. No logro distinguir el acento, una mezcla del sur con cierto aire levantino. Bajo el volumen de la televisión y escucho. La historia es verosímil. El vino blanco ha tomado posiciones en torno a su pequeña casa y debe rendirse. Me comenta que no ha opuesto resistencia. Le comento la posibilidad de negociar una rendición ventajosa, a cambio de tres botellas. Ella lo intenta. Objetivo conseguido. El vino blanco se repliega a sus antiguas posiciones y mi amiga consigue sus tres botellas, a cambio de una pequeña intoxicación etílica y un virus desconocido, un tal H1N1. El virus se queda en su hogar.

El gato, intuyendo el peligro, ya había escapado, llevando consigo un pequeño frasco de perfume. El elixir de la felicidad.

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Meditación 1: el gato frente al cristal de la vida

 

Observando al gato…

El gato frente a la ventana.  Ausente, mira la lluvia que se desliza ante sus ojos. ¿Qué estará pensando? Nunca lo sabremos. Está seguro de sí mismo, convencido de ser el centro del mundo, del universo. ¿Quién le puede discutir esta supremacía? ¿Acaso alguien puede demostrar que no lo es? Intenten hablar con un gato y verán que no les contesta. ¡Qué grandeza! No necesita palabras.

Delante del cristal manchado de vaho el gato simboliza mi expectación ante la vida. Observo la vida desde detrás del cristal, absorto ante la lluvia, igual que un felino.  Él permanece Impasible, esperando que escampe para poder salir. Miro al cielo y veo nubes. Nubes grandes y esponjosas, como sueños evaporados que nunca se realizaron. Cuando salga el nuevo sol, todo cambiará. Solo hay que esperar el momento…

Llegará el día en que el gato pueda salir al tejado y pasear bajo los rayos del nuevo sol que está por llegar…

Desde luego, yo iré con él…