Mirar el dedo y no la luna

Artículo publicado en Murray Magazine el 4 de septiembre de 2015: http://murraymag.com/actualidad/mirar-el-dedo-y-no-la-luna/

Me decía ayer una compañera periodistas por Twitter, a raíz de la difusión de la imagen de Aylan, el niño sirio muerto en las costas de Turquía que “el debate sobre la foto es mirar el dedo y no la luna.” Tiene razón, pero vamos a fijarnos bien en ese dedo que apunta y dispara cuando miras hacia otro lado. La luna ya la tenemos cartografiada. Sólo hace falta querer mirar. Sólo hace falta abrir los ojos.

En primer lugar, la imagen no hubiera generado ningún tipo de debate sobre su publicación si el niño se llamara Juan y hubiera muerto en un naufragio frente a las costas de Alicante. Simplemente, no habría debate. El debate nace de nuestra propia hipocresía. La doble vara de medir ‘lo de aquí y lo de allí’. Los debates sobre ética periodística que ha suscitado esta fotografía en las redacciones se hubieran quedado en el cajón donde siempre quedan cuando no interesa.  No os engañéis. 

Estudiando periodismo, en alguna asignatura que no recuerdo, nos repetían una y otra vez “es más noticia un muerto en tu calle que mil en la otra punta del mundo”. Medios de comunicación y periodistas (no todos, afortunadamente)  somos racistas y clasistas. No vemos al otro como persona. No le vemos en igualdad de condiciones. Lo vemos desde arriba y hacia abajo. Sentimos lástima y pena desde nuestro área de confort occidental. Vemos al otro con etiquetas: inmigrante, refugiado, negro, árabe, sin papeles…. El objetivo último es verlo como alguien ajeno (también en este caso). Que no os engañen. No quieren la justicia ni solidaridad real. No quieren que te identifiques. Quieren compasión. Quieren apuntar con el dedo tu impotencia. Quieren que nos vengamos abajo ante la tragedia y la sintamos inevitable ¿acaso las avalanchas son ‘evitables’?. Criticamos a la Unión Europea, a los Estados miembro, a las mafias…pero seguimos viendo la crisis humanitaria que vive el mundo como algo lejano, extraño.  No lo vemos como propio. Realmente no nos ponemos en la piel de nadie. Nos ponemos en sus lágrimas. El debate sobre la fotografía es el último ejemplo de la deshumanización absoluta que vivimos. 

No hacen falta más cifras. No necesitamos más demostraciones de solidaridad efímera. No necesitamos más fotos desgarradoras que  oculten la luna. Necesitamos más justicia global. Más apoyo mutuo entre seres humanos. Sólo cuando veamos a Aylan como uno de los nuestros, como tú y como yo, será el primer paso para cortar la alambrada de espino que nos separa de la justicia social. No nos quedemos mirando el dedo de la ética occidental. Observemos la luna detrás de las nubes de la desigualdad y la violencia que obliga a millones de personas a abandonar sus casas y salir fuera a jugarse la vida.

La misma mano que después rellena páginas, telediarios y boletines sobre cuotas de refugiados, devoluciones en caliente y avalanchas en la valla de Melilla. La misma mano que aplaude a los ‘emprendedores’ españoles y criminaliza a los `invasores africanos’. La misma mano que olvida recordarnos que lo que estamos haciendo es un crimen contra la humanidad. La misma mano que desgarra nuestra humanidad con concertinas. La misma mano que pone vallas de espino a quien huye y no puede volver atrás.

No olvidemos que ese dedo que apuntaba a Aylan forma parte de la mano que mece la cuna. La luna de nuestra vergüenza.

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#LaParada es la próxima: ¿Subes o bajas?

ImagenSiempre he sido más de subir que de bajarme en trenes en marcha. Esta es una sociedad en movimiento, cambiante. Recuerdo haberme pasado alguna vez mi parada, pero me gusta la idea de poder cambiar de andén y enderezar el rumbo. Me encanta observar desde el otro lado de la vía. Esto también es periodismo. En comunicación, la pasión es indispensable para transmitir y tocar el corazón y la cabeza.  Ya no basta con el mensaje. Hace falta que participemos en la creación de contenidos, porque la tecnología nos permite ser medio y parte, para ganarnos la credibilidad en una sociedad en la que cualquier persona es ya un potencial altavoz y portavoz.

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La teoría de la desinformación

No es novedad que los grandes medios de información generalista transforman la realidad de acuerdo a su línea editorial. Resulta ‘comprensible’ cuando se trata de empresas periodísticas que responden al interés de grandes corporaciones que nada tienen que ver con lo que algún día se llamó ‘prensa libre’. El beneficio de sus accionistas es, en última instancia, el interés prioritario de las corporaciones mediáticas. Cuando el interés económico ha conseguido ocupar todas las esferas de la construcción de los mensajes periodísticos y ‘adapta’ los productos informativos a sus fines pecuniarios y políticos, comienza a tejerse una maraña, suerte de red de discursos que transforma los acontecimientos de la realidad en un pequeño marco de su agenda setting (establecimiento periodístico de los temas de discusión que ‘interesan’)

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El lado oscuro de la ley

“Ahora te vamos a pegar sin que te vean, periolisto” Esta es la ley que impera en Sol. La ley de las Unidades de Intervención Policial. El delito: querer informar desde el lugar de la noticia. Estas son las fuerzas del orden que actúan impunemente en España. Agentes que insultan, golpean y humillan sin mediar agresión ni provocación. Patente de corso con licencia estatal. No quieren testigos. Su burbuja de autoridad les ampara para callarnos la voz cuando se cierran micros, flashes y teclados. Debe ser ese instinto primario del ser humano, más del periodista vocacional, de querer estar en primera línea el que aturde a las fuerzas del orden. Ser luz y taquígrafo de la realidad, más cuando se torna en injusticia y descontrol, no está bien visto para quien la ley es solo un adorno al que ampararse para agredir impunemente por encima de ella. Escudo y flecha del orden frente a la ciudadanía indefensa.

La manifestación laica del 17 de agosto derivó en una plaza tomada una vez más por la policía. Los peregrinos de la #JMJ campaban a sus anchas por todo el centro de Madrid mientras los no mochileros nos las veíamos y deseábamos para ver lo que ocurría en los altercados que comenzaban a producirse en algunos puntos de las zonas aledañas a la Puerta del Sol.

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