Carta de una Madre

Publico unas líneas que me llegan de Marisol Alfageme, madre de Abel García Alfageme. Abel murió el 11 de marzo de 2004 en la estación de El Pozo de Madrid. Abel y su familia son víctimas a día de hoy de la hipocresía de una derecha que se adueña de su dolor y lo manipula a su antojo. Marisol no asistirá a los actos oficiales que se organicen en homenaje a las víctimas del 11M. Tampoco saldrá en tertulias de televisión manipuladas de antemano. No cederá su duelo a teorías de la conspiración que siguen llenando los espacios en portada de muchos panfletos. Es una madre que hoy sigue echando de menos a su hijo. Su voz apenas se escucha ante el estruendo mediático del Partido Popular y la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Así de claro. Ella está indignada por las últimas voces que critican la manifestación sindical que se celebra el próximo domingo 11 de marzo. Hoy le cedo mi blog para su grito de rabia. No es un texto académico ni pretende serlo. Es un sentimiento plasmado en unas pocas líneas. He querido conservar la esencia de lo que escribió. Creo que todos entenderán que las palabras que nacen del corazón dicen más que un montón de discursos prefabricados. Vaya por tanto desde aquí mi recuerdo a Marisol, a Abel y a todas las víctimas de la injusticia en cualquier parte del mundo, allá donde estén. 

Quisiera que alguien me explicara qué pasa con las victimas de los atentados terroristas de Madrid. Los que son simpatizantes de la derecha van al cielo y a los demás no se les hace ni caso. Estos son apestados, no merecen ni dar pena. Sus familias que se aguanten, que para eso eran trabajadores de mierda. 

Por favor, no lo entiendo: Miriam, la hija de Mº Ángeles Pedraza, a lo mejor le dio la mano a mi hijo Abel y se fueron juntos sin ni siquiera saber qué estaba pasando. Mi hijo iba camino a su trabajo, porque en este país casi todos los mortales nos movemos en el transporte público para trabajar. Parece ser que trabajar es un pecado muy gordo, y si encima estas sindicado lo que mereces es que te maten. 

Por favor, que hubo otro tiempo en que a los sindicalistas los condenaban a muerte,  a las lesbianas las metían en la cárcel, y a la gente de izquierda le crecían rabo y cuernos. Recordar, estamos en democracia en el siglo XXI.

 Estamos todos locos. 

Marisol Alfageme, madre de Abel García Alfageme

Anuncios

Rabia de diamantes

El gato merodeaba junto al viejo muro. Su andar parsimonioso contrastaba con la furia de la lluvia. Las gotas golpeaban el pavimento inerte. Cubos de basura, coches destartalados y motocicletas escurrían la humedad como podían. La luna fulminaba con su luz la oscuridad del cielo encapotado, iluminando el pequeño callejón. A las 22.06, cuando ya parecía que la noche ganaba su lugar en aquel rincón junto a la esquina del Bukowski bar, el gato detuvo su danza, petrificando su andar callejero. Levantando levemente sus ojos inmaculados y orientando sus orejas hacia la infinitud del Universo, quedó absorto. Había visto algo. Su mirada se perdía mientras permanecía inmóvil, atento. En el otro rincón del planeta, una mujer del sur de Italia invitaba a sus amigos a una deliciosa cena. Chicos y chicas comían y bebían. Gritaban mientras los platos se vaciaban. Más vino, más melanzane, más lasaña. Orgía de miércoles noche. En pleno jolgorio y sin que nadie pudiera intuirlo, todos cayeron fulminados. El silencio invadió el diminuto salón. Las copas desparramadas inundaron el suelo con la sangre del viñedo, humedeciendo los rostros de los difuntos. Las risas habían muerto súbitamente. Justo en ese preciso instante, el gato prosiguió su marcha. Rabia de diamantes…