¿Redes de desinformación masiva?

Este post ha sido de digestión larga. Las informaciones pesadas requieren metabolismos fuertes. Una buena comida debe degustarse, ser saboreada, para apreciar los matices que se pierden con la prisa y el stress. La noticia sin carga de profundidad se hunde en el océano de informaciones que inundan la esfera 2.0. Es el precio a pagar por la globalización informativa. El paso del sujeto mediático pasivo a la interactividad ha supuesto un salto en la relación entre las personas. Las élites mediáticas han colaborado en la necesidad de instantaneidad. No podemos quedar atrás.

Continúa leyendo ¿Redes de desinformación masiva?

¿Y ahora qué?

Busco la inspiración y encuentro palabras huecas teñidas de sarcasmo. Las ideas escapan entre neuronas volatilizadas. Leo periódicos y no encuentro historias. Enciendo el televisor y el mundo se presenta codificado, pétreo, gris. Un velo de irrealidad cubre la existencia. La radio me cuenta historias de fantasmas y telepredicadores y decido dar un salto.

En un instante de inspiración, decido encender el portátil. Todos mis perfiles se posicionan frente a mi. Me convierto en voyeur. Leo vuestras historias, sugerencias, recomendaciones y advertencias. Observo imágenes, noticias y personas que se eternizan en el timeline. Me detengo en comentarios y actualizaciones de estado. Navego por imágenes sacadas de contexto. Usuarios, grupos y páginas que me hacen reír y llorar.

Pasan los minutos y sigo perdido en la maraña digital. Sincronizo cuentas, multiplico impactos, me repito a mí mismo en distintas esferas, foros y redes. El eterno retorno de lo idéntico.

Una alarma suena e inicio la desconexión. No soy Julian Assange pero guardo secretos. Sé por qué estamos aquí pero no os lo voy a decir. Elimino durante horas mi rastro y desaparezco con mi copa de vino por la terraza. Vuelvo a ser invisible.

¿Y ahora qué? Ahora sólo me queda la vida real

Silencio 2.0

Escribir para no decir nada. Sucesión de posts superfluos. La web 2.0 ha convertido el blogging en un fenómeno de masas. Los gurús de esto que llaman ciberespacio se frotan las manos. Hablan sin tapujos del éxito formidable de la sociedad de la información, de la posibilidad de convertirse en un líder de opinión sin salir de tu habitación, sólo con disponer de una conexión telefónica.

Puedes no haber pisado una vez en tu vida el empedrado de la ciudad X y escribir como si fueras un habitante más, quizás inspirado por otros cibernautas que te proporcionan información. Quizás algo se me escapa, pero entre la marabunta de blogs, páginas web, redes sociales y no sé qué más, estoy algo desconcertado. El hecho de que alguien que no tiene ni la más remota idea sobre un determinado asunto sea seguido simplemente porque un buen día tuvo la ‘increible’ idea de crear un blog, aumenta mis sospechas sobre la sobrevaloración que está alcanzando el fenómeno 2.0.

Yo mismo he acabado redefiniendo el significado de ‘El desactivador de minas’, proyecto que nació para mostrar mi punto de vista sobre la problemática económica, social y política en los Balcanes. Quería ofrecer un testimonio directo, hablar con la gente, conocer su vida, compartir con ellos un té y que me hablaran. Ver con mis propios ojos para que alguien en cualquier parte del planeta pudiera conocer un poco más sobre esa parte de Europa que sólo despierta recelo y susceptibilidad. Escribir por escribir no hubiera tenido sentido, ni ahora ni hace 1.000 años. De ahí el silencio posterior a mi travesía. Ahora escribiré cuando sienta la necesidad de aportar un granito de arena.
Hablar por hablar ya lo hacen millones, sobre todo tras el éxito abrumador de Facebook y Twitter. Saber que mi vecino tiene cita con el médico a las 10 o que una de mis amigas está durmiéndose delante del ordenador, me levanta el ánimo. Me hace ser consciente de la estupidez humana, incluso de los nuevos líderes de opinión. Os invito a dar un paseo por los blogs ¿Cuánto vale su contenido?

Silencio 2.0
Silencio 2.0