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El traqueteo del tren detiene los pensamientos. La vida amanece entre contaminación y hordas de seres inertes. Intento leer, pero la mente se nubla. Las letras se estresan en las páginas. Quieren correr como el resto de la jauria que me rodea. La lluvia encharca el anden. Corren, corren, corren. La corriente humana me engulle. Quiero caminar, mantener la tranquilidad, pero soy absorbido por la escalera mecánica. En el anden 3, el tren se vislumbra al fondo del tunel. Nuevas carreras de miradas perdidas ¿Por qué corren? Vuelvo a sentirme en medio de la vorágine. Vidas negadas por el stress. Vuelvo a las páginas de Murakami. Las palabras cobran sentido. Me sumerjo en la historia. La marabunta se pierde entre vagones infestados. Auschwitz 2010. Ya sólo quedan 10 días…

Dormido a la orilla del mar

El sol nubla la visión de los viajeros en dirección a Alcalá de Henares. El stress les delata. Su mirada se pierde en la ansiedad. Leen gratuitos compulsivamente, sin control, sin atención, sin crítica. El silencio de conversaciones sólo se ve interrumpido por una señorita de traje gris, de mediana edad, que extiende sus piernas sobre su asiento delantero y comienza a escuchar a volumen abierto su móvil de última generación. Al mismo tiempo, una señora perdida en su propia prisa, dirige sus ojos a mi bolsa de deporte. El objeto obstruye su proceso de ignición hacia el interior del vagón. Cedo el paso. En ese momento, mi mente viaja a las costas del mar Adriático.

Recuerdo el olor de la brisa del mar junto a Kolovare, en Zadar. Mi sudor mezclado con la sal del agua después de una carrera matutina. Siento la plenitud del espacio abierto, de la naturaleza expandida frente a mi. Entonces comprendo la tragedia de las personas que pierden minutos en carreras hacia un tren  que viaja cargado de tensiones y nervios. El drama de la persona que no comprende que su música no es la melodía de mi vida ni de la de nadie.

Unos minutos despés desciendo los escalones que me conducen al andén. He llegado a mi destino. Mis pasos se pierden entre el asfalto y el aroma de la lluvia contaminada. Un día más y el periódico sigue publicándose.