Mi Homo Futurus

Merodeando por la web encontré cierto día la imagen de nuestro ‘homo futurus’. Diversas investigaciones científicas han establecido, en función de ciertos parámetros evolutivos, cómo seremos los seres humanos del futuro. Dado el ritmo actual de desarrollo tecnológico, el ‘homo futurus’ dispondrá de un cráneo más voluminoso que el nuestro, para albergar un cerebro más grande, capaz de asimilar la gran cantidad de información y bombardeo de actividad al que será sometido.

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¿Nunca lo has pensado?

¿Y ahora qué?

Busco la inspiración y encuentro palabras huecas teñidas de sarcasmo. Las ideas escapan entre neuronas volatilizadas. Leo periódicos y no encuentro historias. Enciendo el televisor y el mundo se presenta codificado, pétreo, gris. Un velo de irrealidad cubre la existencia. La radio me cuenta historias de fantasmas y telepredicadores y decido dar un salto.

En un instante de inspiración, decido encender el portátil. Todos mis perfiles se posicionan frente a mi. Me convierto en voyeur. Leo vuestras historias, sugerencias, recomendaciones y advertencias. Observo imágenes, noticias y personas que se eternizan en el timeline. Me detengo en comentarios y actualizaciones de estado. Navego por imágenes sacadas de contexto. Usuarios, grupos y páginas que me hacen reír y llorar.

Pasan los minutos y sigo perdido en la maraña digital. Sincronizo cuentas, multiplico impactos, me repito a mí mismo en distintas esferas, foros y redes. El eterno retorno de lo idéntico.

Una alarma suena e inicio la desconexión. No soy Julian Assange pero guardo secretos. Sé por qué estamos aquí pero no os lo voy a decir. Elimino durante horas mi rastro y desaparezco con mi copa de vino por la terraza. Vuelvo a ser invisible.

¿Y ahora qué? Ahora sólo me queda la vida real

10 claves para entender al gurú

1. Elitismo: No pueden evitarlo. Se han convertido en elite mística. Se leen, escriben y escuchan entre ell@s. El concepto de participación y bidreccionalidad lo exclusivizan para su ciberclase social. No se van a mezclar contigo, ni conmigo, sino con quien tenga, al menos, el mismo número de followers. No quieren chusma ni en la blogosfera. Son líderes de opinión y de ‘unfollows’.

2. Paternalismo: Te quieren cuidar. No van a permitir que te pierdas en el ciberespacio. ¿Quién mejor que ell@s para guiarte, aconsejarte y dirigirte? Conocen el cotarro, conocen l@s lideres y los medios. Te dicen lo que tienes y no tienes que hacer para no convertirte en un/a desacarriad@ virtual ¿No sigues sus consejos y buenas prácticas? Estás perdido.

3. Academicismo: De vocación didáctica. Conocen las diez claves, veinte recomendaciones y todo lo que necesitamos saber para optimizar nuestra vida virtual. Fuera de esas recomendaciones, no pintamos nada. Desaprovechamos la tecnología. Si ell@s lo saben, lo van a compartir. La generosidad del maestro con el alumno-aprendiz

4. Afán de protagonismo: Una de las claves. No pueden salir en más sitios web, ni estar más referenciados, linkados y/o comentados. No hay búsqueda de #hashtag que no incluya su opinión. Hemos dicho que son la elite, por tanto, buscar el protagonismo forma parte de su ADN de unos y ceros.

5. Misticismo tecnológico: La tecnología lo es todo. El mundo gira en torno al desarrollo tecnológico. Si algo no está online, no existe. El análisis y el rigor ceden paso a la tecnología como principio y fin de lo valioso.

6. Ciberdependencia: Se resume en no poder vivir sin una conexión a internet (3G mejor que mejor)

7. Gadgetismo: Están en la cola de Gran Vía para ser l@s primeros en tener el Iphone (cada año) ¿No conoces el último artilugio inservible con WIFI? No sabes lo que te pierdes.

8. Tecnoadicción: ¿Podemos hablar de algo que no sean las posibilidades que nos brindan las TIC? ¿Existe una vida real o simplemente vidas tecnomediatizadas por nosotr@s?

9. Twittearrea: Yo también la sufro sin ser gurú. No podemos dejar de mandar 140 caracteres para seguir con nuestra rutina. Si no lo contamos, parece que falta algo. Además, l@s gurús incorporan la sincronización de infinidad de perfiles y cuentas. Su impacto es infinito…Twittearrea.

10. Formalismo: La forma por encima del fondo: El contenido supeditado al recipiente. Lo visual por encima de lo humano. La apariencia frente a la credibilidad.

Ley de Dependencia Digital (LDD)

“El número de gadgets tecnológicos será proporcional a la libertad que nos queramos negar” Esta máxima es aplicable a todas las personas que han coronado la tecnología como dictadora de vida. Más allá del ámbito laboral y profesional, hemos perdido la libertad de desconexión. El mundo offline ha quedado relegado. Consultar el correo profesional en casa o desde el móvil los días de vacaciones. La posibilidad de gestionar nuestras redes sociales corporativas en cualquier momento y lugar, actualizar blogs, status, foursquares…Sin duda, las nuevas tecnologías han readaptado la relación que establecemos con nosotros mismos. Algunos estudios señalan la dependencia tecnolólogica como el mal del nuevo siglo. Niños y niñas que experimentan ansiedad cuando no les responden un sms, personas adictas que mueren frente a un videojuego o que dejan desatendido a su retoño humano en favor de atender a su familia SIMS. Los ejemplos llegan desde todas partes del globo e indican una tendencia peligrosa.

Sin ir más lejos, la saturación de noticias relativas a los impactos de las nuevas tecnologías o el auge de las redes sociales como nuevos espacios de participación e interacción de las personas es un indicador claro de que la opinión publica otorga una atención especial a la nueva relación que hemos establecido con las tecnologías. Elementos que deberían suponer una mejora en nuestra calidad de vida, en una ayuda para nuestro desarrollo profesional o personal, han tomado el control de nuestra vida. Más que tomado, les hemos cedido el testigo de nuestra independencia. Sometimiento adquirido a través de la adicción y repetición de hábitos tecnológicos que repercuten en nuestro estado de ánimo, en nuestra felicidad.

Ley de Dependencia Tecnológica (LDD) Miro en Google y el término todavía no existe. Lo intentaré olvidar, para que la próxima vez que compruebe todas mis cuentas de correo y usuarios digitales también sea capaz de desconectar y salir a mirar la vida desde mis propios ojos.