Revolving doors: entran y salen los mismos

No puedo decir que sea un experto en lobby. A duras penas consigo convencerme a mí mismo de cualquier cosa. Sin embargo, resulta un ejercicio reparador conocer hasta qué punto la opacidad informativa oscurece la actividad política en España y Europa. Cuando pensaba que el oscurantismo y la falsa rendición de cuentas eran un asunto netamente español, Europa se descubre como un elemento paradigmático.

A pesar del creciente euroescepticismo, apuesto mis pocas monedas a que la mayoría de la población en España considera la Unión Europea un ejemplo de transparencia política. Nada más lejos de la realidad. Basta con hurgar un poco en los entresijos del entramado comunitario para descubrir grietas que tambalean el ya de por sí ruinoso edificio de la Unión Europea.

No son solo los casos de corrupción en el seno de las instituciones, muchas veces desconocidos en el ámbito nacional, sino la falta de ética en la que se desenvuelven muchos de nuestros representantes en Bruselas. Los conflictos de intereses sobrevuelan las carteras comunitarias, sin que se establezcan mecanismos de control que permitan al menos conocer de qué pie cojean los legisladores.

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El caso Gotovina: la puerta giratoria de la injusticia

La antigua Yugoslavia nunca me deja indiferente. He tenido la oportunidad de vivir varios años en Sarajevo y Zadar. Ciudades que me han acogido y en las que he podido conocer a muchas personas que me ayudaron a comprender la intrincada política balcánica, siempre afectada por la coyuntura internacional del momento. Vencedores y vencidos, miles de personas perdieron la vida o la inocencia. Algunas para siempre, otras se recuperan a duras penas de los traumas de la guerra más cruenta en Europa después de la II Guerra Mundial.

Hace unos días, antes de que saltara la noticia a los medios de comunicación internacionales, conocía por un amigo bosnio que el exgeneral croata Ante Gotovina y el exjefe de la policía del mismo país, Mladen Markac, eran absueltos de crímenes de guerra contra los serbios en territorio croata. Tales individuos, que permanecían desde hace algunos años retenidos en la penitenciaria del Tribunal Penal Internacional de La Haya (TPIY), ya se encuentran de regreso en Croacia, donde fueron recibidos como héroes de guerra. Antes de su detención en 2005 en Tenerife, Gotovina ya contaba con una amplia red de apoyo en territorio croata, también dentro de la propia Administración.

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Serbia 2014

Serbia vuelve a la actualidad. Su presidente, el europeista Boris Tadic, presentó ayer en Suecia la candidatura para la entrada del país balcánico en la Unión Europea. Su deseo es que este se produzca en 2014. Más allá del simbolismo del acto, y a pesar del obstáculo que supone para su ingreso la no captura de los criminales de guerra Ratko Mladic y Goran Hadzic, se trata de una nueva prueba de fuego para medir la fuerza de la UE en el contexto internacional.

Después de la crisis de Kosovo, país no reconocido por cinco  de los veintisiete países de la UE, entre ellos España, es hora de que Bruselas actue. Ha llegado la hora de mojarse.

Quizás un ingreso de ambos países, Serbia y Kosovo, al unísono, podría facilitar las cosas. Sin embargo, esta circunstancia se antoja improbable, visto el clima de inestabilidad política y social que aún se respira en Belgrado.

La próxima entrada de Croacia y Bosnia – Herzegovina en la UE podría dificultar todavía más el ingreso del mayor país balcánico en el grupo de los 27. Un frente antiserbio compuesto por estos países, más Eslovenia, podría conducir de nuevo a Serbia hacia el aislamiento. Sólo la actual debilidad de Rusia explica que no se haya producido ningún movimiento antieuropeo consistente en las últimas fechas. Acelerar su incorporación, no más allá de 2014, puede ser el punto de partida para un restablecimiento definitivo de la ansiada estabilidad en el sureste europeo.